| 4. La dimensión metaeconómica El concepto new economy se vincula a una serie de asociaciones que llevan más allá del debate económico en sentido estricto. En este punto deberá prescindirse de especulaciones más bien esotéricas, como consecuencia de las cuales, de algún modo Internet sería el sistema nervioso de un organismo global en formación. Para ilustrar la dimensión histórica de la revolución de tecnologías de información y de la transición hacia la new economy se presta mejor la etiqueta de la "segunda revolución industrial". Contrastando con esta perspectiva, se ha formulado una interpretación que ubica la transformación que se observa en el presente dentro de la continuidad de la revolución industrial: la revolución de tecnologías de información no es un cambio singular, sino solamente el último de los varios impulsos tecnológicos característicos de las economías nacionales industriales desde el comienzo del siglo 19.
Economía de la información o "economy of attention" (Michael Goldbhaber) La revolución de tecnologías de información se interpreta como la segunda revolución industrial, ya que con ella se transforma la "materia prima" de la economía. Con el comienzo de una economía de la información, la información se convierte en el principal insumo (en lugar de capital, trabajo, energía y materias primas), producto (en lugar de bienes materiales y servicios tradicionales) y principio estructurante de la economía. Desde ya que esto provoca algunos problemas básicos: 1. ¿Cómo se puede fijar un precio en una economía de mercado, por un bien cuyos cos tos de producción pueden ser altos, pero cuyos costos de reproducción y costos marginales tienden a cero? No por casualidad, parte relevante del debate en torno a la economía de la información se vincula con la pregunta acerca de cómo proteger la propiedad de la información (un tema central incluso en la nueva teoría del crecimiento), cuando la información se negocia en forma "pura", es decir, sin la protección que le daría su clasificación como bien material. Si la propiedad de la información no puede ser protegida en forma efectiva, podría desaparecer el estímulo a la producción privada de información, de modo que se daría la paradoja de que la economía de la información se viera acompañada por falta de información o debiera enfrentar gastos crecientes por la codificación, es decir, la eliminación parcial de información.
2. En general, la información corriente es el requisito de toda transacción racional (y del funcionamiento de un bien común democrático y acorde al estado de derecho) y tiene por esto los rasgos correspondientes a un bien público. La información puede ser de propiedad privada y también comerciarse en forma privada. La pregunta entonces no es sólo cómo proteger la propiedad privada de información, sino también la información como bien público.
3. Por último se objetó que no puede haber economía de la información, ya que per definitionem la economía se ocupa de bienes escasos y la información no lo es. Por el contrario, el concepto de sociedad de la información dispara más bien un exceso de asociaciones. El bien escaso es la capacidad de los individuos de absorber información, limitada físicamente por el día de 24 horas. En lugar de economía de la información, según Michael Goldhaber, habría que hablar de una economy of attention, en la que la distribución y utilización de "atención" ocupa el lugar central.
Mercado o no mercado (Brad de Long contra The Economist) El concepto de "segunda revolución industrial" también puede resultar molesto en otro sentido. El significado de la primera revolución industrial, desde la historia económica, se expresa en que la población se vio obligada a hacerse cargo de asegurar sus medios de su supervivencia en base al mercado, a través de la obtención de un ingreso monetario. Al mismo tiempo, la sociedad industrial en ciernes permitió que relaciones previas a la economía de mercado (la familia) siguieran existiendo y creó otras nuevas instituciones no conformes al mercado (el Estado social). La new economy, por el contrario, no sólo puede identificarse con la ampliación ("globalización") de relaciones de mercado, sino también con su profundización (marketization) en el sentido de la supresión de todas las instituciones no conformes al mercado, que la sociedad industrial tradicional tomó, o bien reconfiguró. La palanca de la radicalización del mercado es la disponibilidad rápida y amplia de información posible por la revolución de tecnologías de información, que tiene como consecuencia costos y riesgos de transacción menores. La transmisión rápida de datos electrónicos posibilita, según se argumenta, un panorama rápido y completo sobre oferta y demanda. Los riesgos y costos de las transacciones bajan. De este modo se supone que: 1) con la utilización creciente de Internet, las empresas elaborarán menos productos internamente y adquirirán más en el mercado;
2) las relaciones establecidas a largo plazo se reemplazarán por transacciones de mercado directas y a corto plazo; y
3) la formación de precios será más transparente, de modo que los precios fijos se reemplazarán por precios óptimos de mercado por medio de remates y bolsas de Internet (inclusive el precio de la mano de obra). La amplia y multifacética disponibilidad de información también hace posible reemplazar sustitutos de mercado, debidos a "información imperfecta", como la forma de organización semipermanente de las empresas, relaciones de transacción a largo plazo y precios fijos. Al menos en apariencia, la economía real se aproxima a su ideal neoclásico que, en virtud de una mayor eficiencia, favorece a la demanda y con esto, en última instancia, a los consumidores. Contra estas expectativas se objetó (entre otros, por ejemplo, lo hizo Brad DeLong) que las leyes del mercado no tienen ningún resultado óptimo aplicadas a productos y servicios de la economía de la información. Las condiciones para un mercado en funcionamiento en el sentido señalado por Adam Smith, es decir, 1) la posibilidad de excluir a los no propietarios del uso de un bien,
2) una estructura de costos, en la que la producción de dos unidades del mismo bien (aproximadamente) son el doble de caras que una; y
3) la transparencia de los bienes y servicios a adquirir ya no están dadas cuando se trata con información o con bienes con un alto contenido de información. La falta de estas condiciones no es ninguna novedad, los economistas han reconocido e intentado conceptualizar cuestiones como economies of scale, información imperfecta, externalidades y limitaciones de las puras leyes del mercado. Pero lo que en el pasado podía resultar un desvío secundario, en una economía de la información se convierte -según esta tesis- en un problema de primera línea: The friction becomes the machine .
La terciarización de la economía La revolución de tecnologías de información y la transición hacia la new economy se vinculan con frecuencia con una antigua tendencia por demás observada desde hace tiempo: la terciarización de la economía, el relativo retroceso del empleo en la industria transformadora -resultado de la dinámica racionalizadora inherente a la producción industrial- a favor del sector servicios. De esta forma, la sociedad posindustrial se define como sociedad de servicios o, en alusión a la revolución de tecnologías de información, como "sociedad de servicios basada en el conocimiento". En general, los servicios son bienes de la economía en los que convergen producción y consumo. Su producción no puede organizarse con división del trabajo, o bien esto es posible sólo en forma limitada, de modo que la dinámica de la racionalización inherente a la industria no puede desplegarse. La transición de la sociedad de la industria a la sociedad de servicios, como se menciona más arriba, por lo general está ligada a un retroceso de la productividad de la economía en general -es la base de la paradoja de la productividad-. Sin embargo esta lógica fue desestimada en los EEUU desde mediados de los años 90, sea porque la introducción sistemática de tecnología de la información compensaba consecuencias negativas de la terciarización para la productividad, o porque la terciarización misma llegaba a un límite. En cuanto a la terciarización en sentido estricto, cabe distinguir: 1) el retroceso de actividades de conformación material en favor de actividades analítico simbólicas (Robert Reich) o intelectuales que, en sentido estricto, anteceden o siguen a la producción (investigación y desarrollo, producción de software, marketing, distribución) y que siguen vinculadas a la producción industrial de bienes con división del trabajo;
2) el (posible) retroceso de la producción de bienes a favor de "bienes de información" (infotainment, multimedia); también los bienes de información pueden producirse y almacenarse con división del trabajo. Sólo se puede hablar de una sociedad de servicios "basada en el conocimiento" desde la perspectiva de estos dos últimos aspectos: la proporción de "saber" que se incorpora a la producción, aumenta en comparación a los insumos materiales -en determinadas ramas tan ampliamente que la transformación material se convierte en un aspecto secundario de la producción (como sucede en la producción de un microchip); posiblemente también aumenta el contenido de información del consumo, teniendo en cuenta, desde luego, que el consumo de bienes de información está limitado por la capacidad de absorción de información por parte de las personas (véase más arriba), mientras que la acumulación de bienes materiales no tiene límites. No obstante, una gran mayoría de las actividades del sector terciario -el personal de limpieza de edificios, masajistas, trabajadores de la salud, cocineros, choferes, etc.- se caracteriza muy limitadamente por un aumento relativo del insumo "conocimiento". |