| El Concepto de la "Tercera Vía"
En los años noventa se le reprochó reiteradas veces al SPD de padecer de una "fidelidad a sí mismo" y , por ese motivo, no lograr presentarse en forma convincente como la fuerza capaz de llevar adelante una modernización basada en la tradición. Por eso, los estímulos del Partido Laborista británico, que se había convertido en los años 90 en el partido hegemónico de la Socialdemocracia europea, ayudaron en buena parte a despertar al Partido Socialdemócrata Alemán de su sueño invernal en relación al debate programático. Pero el éxito fulminante en las elecciones, el fin de la era Kohl y el alto grado de aceptación en la sociedad de una nueva política de justicia social, dieron como resultado que gran parte del SPD tuviera la impresión de navegar nuevamente en aguas seguras. Todos estos factores parecían indicar que el Partido se encontraba en el camino correcto, la situación se desarrollaba en dirección hacia ellos, de manera que prácticamente no era necesario emprender esfuerzos conceptuales propios y nuevos. Los resultados negativos de las elecciones de los parlamentos provinciales (Landtag) en 1999 pusieron un rápido fin a este nuevo letargo.
Probablemente consciente de que la comunicación política dentro del partido tendría pocas probabilidades de éxito inmediato, la oficina del Canciller decidió tomar sus propias iniciativas programáticas, que se orientaron estrechamente hacia el debate británico.
La construcción de una "Tercera Via", formulada principalmente por Anthony Giddens, busca la síntesis entre los rumbos tradicionales de la socialdemocracia y las posiciones desarrolladas por el neoliberalismo. En ella se trata precisamente de evitar las insuficiencias de ambas concepciones.
El eje central lo constituye la tesis de que la globalización y los desafíos políticos, económicos y culturales que de ella se derivan, no representan solamente riesgos sino también posibilidades para una configuración social nueva y deseable, dado que las consecuencias de la globalización son precisamente apropiadas para disolver los bloqueos existentes. Acordando con el neoliberalismo, se rechaza o se relativiza el concepto primordial keynesiano de intervención estatal sostenido por la "vieja" socialdemocracia. Simultáneamente, la política de consolidación presupuestaria es considerada como un "precepto necesario". Se rechaza la expansión del Estado de bienestar y se favorece la independencia del Banco Central Europeo. Al neoliberalismo en cambio, se le critica por su sobrevaloración del mercado y por exigir la minimización de la influencia del Estado . Los defensores de la "Tercera Vía" insisten incansablemente en que el Estado seguirá siendo una instancia decisiva para regular las oportunidades económicas y sociales de una sociedad.
Son dos las causas determinantes de los déficits de integración: por un lado el efecto paralizante de los derechos adquiridos en un Estado social, que conducen a la dependencia, a la pérdida de disciplina y a la falta de motivación; por otro lado la insuficiente precisión de la política social estatal, que a menudo protege a grupos sociales a las que no está dirigida.
Por lo tanto, las concepciones de las "Terceras Vías" buscan esencialmente una política que posibilite la justicia social bajo condiciones cambiadas. Las cuatro categorías clave de este concepto son, siguiendo a Giddens: inclusión, exclusión, ocupación y welfare-to-work. Se considera que la exclusión produce las formas más graves de la desigualdad social, que se manifiesta en dos dimensiones preocupantes: por un lado en la silenciosa "rebelión de las élites", que se niegan a pagar su aporte correspondiente a través de los impuestos, del seguro social y al sistema de educación. Esto da como resultado que Alemania tienda a convertirse en un Estado de descuentos a los sueldos y salarios: la participación de los descuentos a los sueldos y salarios, comparada con el monto total de impuestos recaudados subió entre 1960 y 1995 de un 12 % a un 35 %. Por otro lado, nos confrontamos con una exclusión involuntaria a causa de la desocupación. La premisa más importante de una política social estatal consiste entonces en la inclusión, descripta por Giddens como política de igualdad. La categoría central para generar la inclusión es según él, el trabajo asalariado. Por eso, tanto la política como el Estado deben concentrarse en la tarea de democratizar el acceso al trabajo asalariado. La política educativa y los incentivos en el sistema impositivo y del seguro social, se consideran como los dos instrumentos centrales para mejorar el acceso al mercado de trabajo.
Desde ésta perspectiva, el Estado social parece ser un Estado social de inversión y un Estado activador que debería mejorar las condiciones para el logro de la igualdad de oportunidades.
El primer intento de adecuar la "Tercera Vía" británica a la situación alemana fue realizado por el entonces Ministro de la Oficina del Jefe de Gobierno, Bodo Hombach, en su libro Aufbruch: Die Politik der neuen Mitte (Partida: La Política del Nuevo Centro).
Allí toma las categorías centrales de la concepción de Giddens y las amplía con los puntos centrales del Poldermodell, es decir, la política tripartita de consenso que desde principio de los años 80 ha convertido a los Países Bajos en el país modelo para la política de empleo.
Para poder reestructurar el modelo alemán a través del consenso se pensó en darle a la "Bündnis für Arbeit" (Alianza para el Trabajo) un papel clave y decisivo. Hombach hablaba a favor de la moderación salarial, de bajar los impuestos para las empresas y los prestadores de servicios, de la redistribución del trabajo, y de establecer un sector subsidiado de sueldos bajos, como parte de una política activadora del mercado de trabajo.
Al mismo tiempo que este perfil no se mostraba muy apto para ser aceptado emocionalmente dentro del SPD , el documento Blair/Schröder, que había sido aprobado antes de las elecciones europeas de 1999, demostró ser un verdadero fracaso e hizo enfriar bastante las relaciones entre Alemania e Inglaterra. Los nuevos reproches hablaban de la desestimación de las tradiciones, del insuficiente perfil de las tareas estatales para la creación de condiciones macro, de la sobrevaloración imprudente de los esfuerzos individuales y del mercado , es decir de la neoliberalización del programa socialdemócrata. Estos reproches dificultaban los intentos de lograr una nueva síntesis.
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