Los socialdemócratas y los sindicatos tienen una raíz en común determinante: la cuestión social en el siglo 19. Surgieron aproximadamente para la misma época. Ambos tenían como objetivo mejorar la situación de la mayoría de la población, que en la época de su nacimiento estaba representada fundamentalmente por los trabajadores. Abogaban por los no privilegiados y los explotados de la sociedad.
¿Quién conduce a quién?/p>
Los socialdemócratas representaban a la gente a nivel político. Los sindicatos definían las regulaciones cotidianas para la mejora de las condiciones de vida, particularmente en las fábricas.
Ambos estaban involucrados en una trama multiforme de deporte para los trabajadores, agrupaciones de canto para los trabajadores, asociaciones de consumidores y capacitación, etc. y de esta manera desarrollaban su vida en un mundo propio. La pregunta decisiva en lo que respecta a la relación entre sindicatos y Socialdemocracia era: "¿quién tiene la conducción en este mundo vital?". Contrariamente a Gran Bretaña, en Alemania la respuesta a este planteo ya se había definido en el Congreso del SPD en 1906 ante el problema de las huelgas masivas. La declaración fundamental era: ambos tienen los mismos derechos y les competen a cada uno tareas y campos de acción específicos.
Esta declaración fundamental no excluyó ni excluye conflictos. El caso de Gran
Editado y distribuido por la Fundación Friedrich Ebert en la Argentina
Bretaña pone de manifiesto el significado que puede llegar a tomar para un sistema político. Aunque también en Alemania sigue siendo conflictiva la
pregunta acerca de quién detenta la conducción y en qué áreas, esto resulta evidente actualmente ante el ejemplo de la "Jubilación a los 60" .
Si se considera la relación entre Socialdemocracia y sindicatos, es necesario despejar el interrogante ¿existen "los" socialdemócratas y "los" sindicatos? Desde luego que no con este criterio unívoco. En las grandes organizaciones hay diferentes corrientes, comenzando históricamente por las confrontaciones entre Kautsky, Bernstein y Rosa Luxemburgo, que representaban distintas orientaciones del SPD. Esta controversia alcanzó su punto culminante con el desdoblamiento del SPD en el SPD de las mayorías y el USPD. Que existan diferentes orientaciones, "alas", resulta típico del Partido Socialdemócrata Alemán hasta hoy. En las reflexiones siguientes, no ponderaré estas alas o sectores, sino que me concentraré en el sector mayoritario, que fue y es predominantemente pragmático.
En los sindicatos hubo y hay diferencias acantonadas en forma similar. El espectro se extiende, por así decirlo, desde los dirigentes revolucionarios hasta la fundación del sindicato minero, que desde un principio se otorgó un status suprapartidario. Sin embargo, si se analiza la política práctica de los sindicatos, puede constatarse que dada la confrontación con los cuestionamientos cotidianos que los sindicatos deben formularse permanentemente, es una política pragmática la que ha ganado claramente la supremacía. Esto no siempre se refleja en los discursos y textos difundidos. La contradicción entre el radicalismo verbal y el accionar pragmático marca a cada sindicato hasta nuestros días.
El principio del sindicato único
La clara relación entre Sindicatos Libres (ADGB) y el SPD antes de la Segunda Guerra Mundial (eran organizaciones hermanas) explica en parte la derrota del movimiento de trabajadores y de la democracia frente al nacionalsocialismo. Una parte del movimiento de trabajadores, en especial los cristianos, quedaba excluido por esta vía. A través de la creación de la República Federal de Alemania habría de superarse esta fractura del movimiento sindical entre una rama socialdemócrata y otra cristiana. El principio del sindicato único fue la base de la nueva fundación de la Federación Alemana de Sindicatos (DGB) después de 1945.
A nivel político ni se podía ni se quería llevar adelante un proceso similar. Por lo tanto se conformaron dos grandes partidos populares, la Socialdemocracia y como contrapartida burguesa/conservadora, la Unión Demócrata Cristiana (CDU).
En la zona de ocupación soviética se intentó unificar el partido de trabajadores a nivel político. Esto se dio a través de la unificación obligatoria del KPD (Partido Comunista) y del SPD bajo el régimen soviético. No surgió, como fue el caso de los sindicatos, a partir de una necesidad de los actores, sino que fue el parto forzado de la potencia ocupante soviética. Dentro del territorio de las potencias de ocupación occidentales el KPD fue perdiendo influencia política, en parte por el impacto de los antecedentes en la zona de ocupación soviética. Desapareció rápidamente del escenario político y fue desplazado a un espacio marginal.
En la zona de ocupación soviética, los sindicatos se orientaban de acuerdo a los lineamientos leninistas: eran las correas de transmisión del partido estatal SED, y así, indudablemente, el aparato ejecutor del Estado. A pesar de ello, en los sindicatos había cada vez más personas que aprovechaban ciertos nichos para intentar mejorar la situación de algunos trabajadores.
En la República Federal de Alemania, la relación entre los sindicatos y los socialdemócratas se mantuvo en un contexto de múltiples tensiones. El principio del sindicato único exigía que los militantes de otros partidos, en especial de la CDU, fueran integrados a los sindicatos. Desde entonces, no se da por sobreentendido que los miembros de las comisiones directivas de los sindicatos sean, al mismo tiempo, miembros del SPD, sino que también pueden pertenecer a la CDU.
Aun cuando los sindicatos han aprendido que son independientes de la política partidaria (lo que no significa ser políticamente neutrales), en lo cotidiano prevalece una proximidad con la Socialdemocracia. Las esperanzas políticas apuntan en mayor medida hacia el SPD que hacia, por ejemplo, la CDU (Unión Demócrata-Cristiana).
Inmediatamente después de 1945, la Socialdemocracia planteó una economía socialista planificada; los sindicatos impulsaban la transferencia de las industrias centrales a la propiedad comunitaria. En este sentido, se trataba para ellos de la industria minera, siderúrgica, química e instituciones crediticias. En la minería y siderurgia, siempre lograron imponer la cogestión de la Unión del Carbón y del Acero.
Los sindicatos y el SPD se encontraban muy próximos en sus posiciones básicas. Había una gran distancia entre los principios que representaba Ludwig Erhard , sobre todo tras la introducción de la Ley de Régimen de Empresa, que sólo abría mínimas posibilidades de cogestión. Esto condujo a la conformación de un claro frente común contra el gobierno. No obstante, los sindicatos se beneficiaban del crecimiento económico, en tanto negociaban convenios colectivos ventajosos y de este modo, aportaban permanentemente a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
La relación entre los sindicatos y el SPD recién se puso a prueba cuando el SPD se convirtió en partido gobernante.
Relación entre el Gobierno de Brandt y los sindicatos
En 1969, Willy Brandt se convirtió en el Canciller de la República Federal de Alemania. Los sindicatos pusieron un catálogo de reivindicaciones sobre la mesa del gobierno social-liberal . En forma muy generalizada, señalaban, además, la gravísima congestión de reformas. El gobierno de Erhard no había podido dar respuestas satisfactorias a la primera crisis económica. El nuevo ministro de economía, Karl Schiller, presentaba una nueva forma de política económica que resultó sumamente exitosa. Así, por ejemplo, en 1969 el crecimiento alcanzó el 7,5%, un porcentaje impensable hoy en día.
En 1969 había 179.000 desocupados en la entonces República Federal, lo que representaba un índice de desocupación del 0,8%. Frente a esta situación, existían 747.000 puestos de trabajo disponibles. En 1970 el índice de desempleo era de solamente el 0,7% (149.000 desocupados frente a 795.000 puestos de trabajo disponibles).
En 1970, el SPD tenía más de 800.000 miembros que aportaban más de 20 millones de marcos alemanes al año. Era el partido con mayor cantidad de militantes, a gran distancia de los demás. Resultaba particularmente significativo que más de la mitad de los militantes eran trabajadores, y más de dos tercios tenía menos de 40 años.
Así las cosas, Willy Brandt podía corresponder con creces a las exigencias de los sindicatos, tanto desde las circunstancias económicas como desde la composición sociológica de su partido. Ejemplos de esto son la nueva Ley de Régimen de Empresa, una Ley de Cogestión, numerosas leyes de protección al trabajador, la mejora de las jubilaciones, etc. El apabullante crecimiento económico y la bajísima desocupación se traducían en el aumento de los afiliados a los sindicatos y un fortalecimiento de su posición frente a la patronal. En este periodo se negociaron los convenios colectivos que implicaban aumentos de más del 10%.
La política podía y debía dirigirse a los trabajadores industriales. El 49% de los empleados pertenecían a la "industria productiva" (9% en el sector agrario y forestal, 18% en comercio, transporte y transmisión de informaciones y 25% en los sectores económicos restantes). Las diferencias entre los sindicatos y la socialdemocracia consistían fundamentalmente en distintas posturas políticas. Aunque también en este sentido, Willy Brandt pudo deshacerse del moho de los años de posguerra a través de su mensaje "Atreverse a más democracia". Hacia esta época, la perspectiva sociopolítica de la socialdemocracia iba más allá que la de los sindicatos. Por ejemplo, estaba mejor dispuesta que los sindicatos para incorporar e implementar los deseos de cambio de los jóvenes. Sin embargo, esto no representaba un gran problema, en tanto los sindicatos eran un imán para los afiliados en virtud de la exitosa marcha de la economía.
Relación entre el Gobierno de Schmidt y los Sindicatos
Con la crisis económica de 1974 también se cuestionó el concepto de modernización del gobierno de Brandt. El disparador de la dimisión de Brandt fue el espía de la RDA (Alemania Oriental) Guillaume, aunque la causa más profunda radicaba en que los conceptos de reforma planteados hasta ese momento no proporcionaban respuesta alguna a los problemas surgidos en la primera crisis económica. Con Helmut Schmidt, un economista avezado tomaba el gobierno. Willy Brandt conservó la presidencia del partido. Aun cuando la distribución de los cargos públicos generaba tensiones al interior del partido, lo favorecía hacia lo externo: Helmut Schmidt garantizaba pragmatismo, capacidad de imponerse y competencia económica; Willy Brandt representaba cuestionamientos fundamentales y perspectivas de futuro visionarias.
También para los sindicatos comenzó una nueva era. En 1975 tuvieron que enfrentarse por primera vez con más de 1 millón de desocupados. Desde 1974 hay más desocupados que puestos disponibles. La crisis económica se definió primeramente como un shock único (crisis del petróleo), algo así como un accidente empresarial. Recién con el tiempo y poco a poco fue asumida como lo que realmente era: el comienzo de una nueva crisis económica estructural y del desempleo estructural que se extiende hasta hoy.
Pese a que Helmut Schmidt logró reducir la cantidad de desocupados a 890.000 (3,6%), la siguiente crisis económica de 1981/82 fue inevitable. En estas circunstancias se agudizaron las asperezas entre el mundo sindical y el político, es decir, particularmente con el gobierno de Schmidt. Se trataba, y no en última instancia, de las viejas preguntas acerca de un mayor dirigismo político o más mercado. Y naturalmente también se trataba de cuáles y cuántos recortes podían aceptarse en las prestaciones sociales.
Esto también dividió a los sindicatos. Parte de ellos estaba dispuesta a compartir los recortes, otra parte consideraba que debía presionar al gobierno hacia otros caminos políticos mediante manifestaciones públicas. Estas diferencias se manifestaron con mayor claridad entre el Sindicato de la Química, Papel y Cerámica (cuyo titular, Herman Rappe, era al mismo tiempo diputado del SPD en el Parlamento Federal) y el Sindicato Metalúrgico (IG Metall).
Estas discrepancias dentro de los sindicatos y entre los sindicatos y el SPD amainaron en los largos años que seguirían como oposición. La política de los gobiernos de Kohl, orientada radicalmente al mercado y las confrontaciones con dicha política superaron el conflicto básico persistente en el interior de los sindicatos. En este periodo ofreció muchos más núcleos de tensión la relación entre los sindicatos y los nuevos partidos, como los Verdes o el PDS (de la ex - RDA). Los enfrentamientos con estos partidos también ponían de manifiesto posiciones políticas básicas, ocasionalmente incluso el intento por cambiar el paradigma.
Relación entre el gobierno de Schröder y los sindicatos
En la relación de los sindicatos con el gobierno de Schröder vuelven a erigirse viejos frentes. En este contexto, juegan un gran papel datos fundamentales como la composición de la militancia del SPD, la composición del sector de los trabajadores y el crecimiento económico. Un crecimiento económico superior al 2,5% es, desde ya, un éxito; los índices de crecimiento superiores al 3% datan de unos diez años atrás. La composición del sector de los trabajadores se ha transformado: en 1997 un 34% todavía estaba empleado en la industria productiva, pero el 44,5% se distribuía en otros sectores de la economía. A esto hay que sumarle el 19% del sector comercio, tránsito y transmisión de noticias (y 2,7% en los sectores agrícola, forestal y pesquero).
La "carga heredada" plantea otro problema tras la reunificación de Alemania. El Estado, es decir, la población, debe asumir las cargas provocadas por el llamado socialismo de Estado de la RDA. Cada año deben transferirse más de 100 mil millones de marcos alemanes en concepto de servicios a los nuevos Estados Federados.
La globalización representa enormes desafíos para la economía y para la sociedad. Planteándolo en términos extremos puede decirse que para un país industrializado y desarrollado como Alemania, no existe ya economía nacional alguna, de modo tal que los instrumentos de la política (no sólo de la política económica) que se orientaban en el contexto del Estado nacional, han perdido su capacidad de impacto. Señalar que la RFA es un país exportador por tradición, no da respuesta al problema. Desde fines de la Guerra de Vietnam, las posibilidades de protección y acción de la política nacional se reducen continuamente. El mercado y el marco de acción de las empresas es el mundo (mejor dicho: su parte económicamente desarrollada). También las empresas medianas se orientan cada vez más en este sentido. Esto fue preparado e impulsado sistemáticamente por la política (ejemplo: la ruptura del Acuerdo de Bretton-Wood, Acuerdo del Gatt y Unificación Europea).
Aquí me resulta importante destacar, que la unificación de la Unión Europea desde mi punto de vista ante todo debe verse desde el aspecto de la recuperación de posibilidades de accionar políticamente. Si se concibe a la UE como un área política unitaria, aumentan nuevamente las posibilidades de accionar especialmente desde lo político-económico. Aunque sea orientándose al "Estado Europa". Esta figura económica es tan grande y significativa, que las intervenciones político-económicas pueden demostrar su impacto.
Con la globalización, se sumó a la competencia entre las empresas la cuestión de las zonas de radicación. Este es uno de los desafíos nuevos y decisivos para el Estado y los sindicatos. En este sentido no se trata de si es un buen o mal desarrollo, sólo debe establecerse claramente que nuevamente se pide capacidad de modernización y reforma al Gobierno de Schröder y de la Socialdemocracia. Esta vez, sin embargo, no cuentan con la caja del Estado repleta y una economía próspera como en los tiempos del Gobierno de Brandt. En esta ocasión se le demanda poder modernizador ante cajas estatales vacías, una economía en proceso de ajuste y una población que se fragmenta cada vez más en segmentos sociológicos y tiende claramente a desarrollar proyectos de vida individuales.
Los procesos de transformación también se ponen de manifiesto en la Socialdemocracia como partido popular. Hoy en día ni siquiera la mitad de sus afiliados proviene de la clase trabajadora. La mayoría pertenece al sector público. Por otra parte, desde el punto de vista de su composición etárea, el SPD ha envejecido. En la juventud y en determinados segmentos poblacionales (independientes, empresarios jóvenes en crecimiento) existe más bien un hartazgo político. Declararse socialdemócrata es más bien la excepción.
El panorama en los sindicatos es similar. La estructura de sus afiliados no responde en absoluto a la estructura de la población empleada, sino, en el mejor de los casos, a la de los años setenta. Esto obliga a los sindicatos a modernizarse. El Programa Básico de la DGB aprobado en Dresde en 1996, es un buen paso en este sentido.
En 1967 se sancionó la "Ley de Promoción de la Estabilidad y Crecimiento de la Economía". Allí se prevía una "acción concertada". Esto incluía la elaboración por parte del Gobierno Federal de "datos orientadores para una acción simultánea y acordada (acción concertada) de las corporaciones territoriales, los sindicatos y las federaciones empresariales". Esta "acción concertada" fue duramente combatida por sectores de los sindicatos. En las jornadas sindicales y congresos de la DGB, se presentaban cada vez más solicitudes para abandonar la "acción concertada". A pesar de todo fue un instrumento exitoso, apoyado por la mayoría de los sindicatos.
El gobierno conservador-liberal intentó construir un instrumento modificado a través de la "Alianza para el Trabajo" (Bündnis für Arbeit). Este intento fracasó ante la clara toma de posición del gobierno de Kohl a favor de los empleadores
con la suspensión del pago del salario en caso de enfermedad.
El Gobierno de Schröder retomó el proceso con la "Alianza para el Trabajo", aunque lo modificó notablemente. En primer lugar se plantea como un instrumento alargo plazo (similar a la "acción concertada"), además se incluye a las contrapartes sociales en su configuración y, de esta forma, también se comparten responsabilidades. Así resurgen viejas críticas. Una y otra vez en los sindicatos hay quienes se plantean abrirse de la "Alianza para el Trabajo".
Lo que resulta conflictivo por sobre todas las cosas entre partes de los sindicatos, el gobierno de Schröder y su representante mayoritario, el SPD, es cómo se puede adaptar Alemania como zona de radicación productiva a los desafíos del futuro detallados más arriba, cómo puede mantenerse y hasta aumentar su atractivo dentro de la competencia global. En este contexto considero indiscutible que:
- es necesario introducir reformas,
- entretanto hemos acumulado 25 años de desempleo estructural,
- las finanzas estatales se desmoronan,
- la juventud ya no se inclina en forma automática hacia la Socialdemocracia y los sindicatos modernizados.
Lo que dificulta el panorama es que ya no hay intereses comunes de todos los trabajadores, sino que el sector de los trabajadores y sus intereses se segmenta permanentemente. Para el partido popular SPD y los sindicatos como organización de masas se plantea el interrogante acerca de cómo mantener los vínculos entre personas con intereses diferentes. De múltiples maneras se llevan a cabo debates desde la perspectiva de un grupo de intereses, tanto en los sindicatos como en el SPD. Esto genera una imagen de ruptura ante la opinión pública. La consecuencia es que se cierran acuerdos entre alas del SPD que reflejan una imagen diluida de la socialdemocracia. En los sindicatos a menudo se toman medidas desprolijas contra las empresas para fortalecer la estructura tradicional de los afiliados y sobre todo, la de los funcionarios. Por otra parte entre el SPD y los sindicatos vuelve a irrumpir la vieja disputa sobre quién ostenta la conducción en la arena político-social. El ejemplo de "Jubilación a los 60" es particularmente significativo.
La forma de proceder del Canciller Federal y Presidente del Partido Schröder en la "Alianza para el Trabajo" en cuanto a mantener un perfil moderado, provoca inseguridad en los sindicatos. Esperan una clara toma de posición de su lado. Esto no parece aconsejable si implica el riesgo de que el sector capitalista tenga así el camino allanado para despedirse del "modelo capitalista renano". Al proceso de modernización necesario no le aporta nada que un jugador importante abandone el equipo y se pase a las filas de la oposición. Así las cosas, el rol de moderador sería el adecuado para este problema. No obstante, la iniciativa debería quedar en manos del Gobierno.
El ejemplo de la "Jubilación a los 60" representa un grave problema en el que están inmersos los sindicatos y el SPD. Se trata de flexibilidad contra seguridad. En este debate, la juventud se siente perdedora, lo que no representa un problema inmediato para una parte de los sindicatos. Para ello la cuestión pasa por retener a la mayoría de sus afiliados -en general de mayor edad- mediante un programa de política social atractivo. Para el SPD, que está permanentemente en contiendas electorales, esto no puede representar una respuesta adecuada, ya que teme perder votos jóvenes en las próximas elecciones. Debe establecerse como fuerza modernizadora en especial entre los jóvenes. Debe hacer ofertas que superen lo que los empleados del sector productivo consideren atractivo. En este sentido habrá grandes cambios en los rasgos habituales del Estado social. El desarrollo demográfico, un problema que durante décadas no podía discutirse en Alemania, juega un papel fundamental en todos los proyectos a futuro.
Los sindicatos deberán aprobar satisfactoriamente los próximos convenios colectivos, las próximas negociaciones colectivas. Hoy en día la socialdemocracia se mide según cuáles sean sus conceptos a largo plazo para dominar las transformaciones estructurales en la economía y en la sociedad.
No todos los sindicatos se plantean estos desafíos así. Tengo la impresión de que la mayoría quiere compartir estos desafíos y los cambios que implican. Esto provocará aun marcadas confrontaciones dentro de los sindicatos en los próximos años.
Extractado de Gewerkschaftliche Monatshefte 1/2000
Traducción del alemán: bet gerber