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Igualdad de derechos
- El fin de la Generación Lila -
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Traducción del alemán: Bet Gerber
El SPD declaró la muerte del Movimiento de Mujeres. El Canciller Schröder ve en la familia a la célula básica del Estado y de la necesaria reserva laboral para posicionar a Alemania como país económicamente competitivo. Ni entre las jóvenes del ala izquierda, el feminismo juega ya papel alguno
En vano, las mujeres del SPD esperaban palabras feministas que las reconfortaran mientras escuchaban a la Ministra de la Mujer de Berlín. Durante una hora y media, Christine Bergmann habló sobre "Niños, Cocina y Trabajo"* y debatió con las 60 personas invitadas, en su mayoría mujeres, del pueblo Alfeld an der Leine de Baja Sajonia sobre la falta de almuerzo en los jardines de infantes y las malas posibilidades de capacitación en el periodo de licencia por maternidad. Fue entonces cuando Waltraud Friedmann, jefa del subdistrito de la Comisión de Mujeres Socialdemócratas (ASF) perdió la paciencia: para las mujeres de la provincia, el fracaso de la Ley de Igualdad de Oportunidades a mediados de julio, no era precisamente una señal alentadora desde la capital, señaló la mujer de cuarentaytantos mirando fijamente a la Ministra que estaba sentada a su lado.
Bergmann, perturbada, dijo que en este momento, "no era posible políticamente imponer la ley ". Sin embargo, en caso de impedirse que las mujeres asciendan a cargos de conducción por acuerdos voluntarios con la economía, el Gobierno Federal intervendría enérgicamente.
Es que, como sea, la ley duerme en un cajón, enfatizaba la Ministra con los brazos extendidos: "Y la tengo yo".
Las correligionarias escuchaban con escepticismo. Aunque también otras socialdemócratas subrayan gustosas en la actualidad, cuan atentamente han seguido el ascenso de mujeres en los niveles directivos de la economía privada. Según Karin Junker, titular de la Comisión de Mujeres Socialdemócratas (ASF), las mujeres del SPD vigilan con "ojo de águila, en qué casos y cuándo debe caer el martillo de la ley".
Sin embargo, en qué momento cae el martillo es una cuestión en la que, evidentemente, las defensoras de los derechos de las mujeres del Gobierno rojo-verde no determinan tanto. En el SPD y en el gobierno, el Jefe del Partido y Canciller Federal, Gerhard Schröder sepulta al feminismo heredado y lo reemplaza por una política familiar motivada por cuestiones de estrategia de poder y de orden económico. Si tiempo atrás la socialdemocracia luchó por más derechos para las mujeres en una sociedad masculina, hoy por hoy los hacedores del nuevo centro se preocupan por cómo lograr que las mujeres tengan más hijos y, al mismo tiempo, puedan trabajar -y para esto, las garantías de equiparación son menos significativas que los jardines de infantes de doble turno.
Aunque drástico, el golpe de timón se impone sin encontrar grandes trabas en su camino. Tanto en el SPD como en el Partido Verde, la promoción del plano familiar pasa a un primer lugar, en tanto la reivindicación por la participación de las mujeres en el poder se va silenciando. Sucede que el viraje de la política de promoción de las mujeres hacia la política familiar encuentra amplio consenso social.
Los planificadores del SPD quieren celebrar este cambio de rumbo en el Congreso Partidario del mes de noviembre, que tendrá lugar en la Casa Willy Brandt [Willy-Brandt-Haus] en Nürnberg. La Vicejefa del SPD, Renate Schmidt está como perro con dos colas cuando se refiere a la propuesta de política familiar que presentará en Nürnberg. "Logré la cuadratura del círculo", se autocongratula. Es que ella habría "formulado una política familiar no conservadora, sin renunciar a valores básicos de la socialdemocracia". La nueva visión del SPD se define de este modo: "La familia es la célula básica del Estado". Años ha, el texto de la propuesta le hubiera puesto los pelos de punta a las feministas. Las familias se definen como "prestadores de servicios sociales", la "familia nuclear" resulta ser el paladín de la estabilidad. Atrás quedaron los tiempos en que la familia era considerada un ámbito patriarcal y el espacio en que la mujer siempre seguía siendo degradada al máximo. En la "práctica vital", expresa la propuesta, "predomina el modelo de roles superado".
A través de la reactivación programática de la pequeña familia, el SPD de Schröder está al día. A pesar de los altos índices de divorcio, la mayoría de los chicos en Alemania crece en la todavía clásica pequeña familia con dos componentes parentales. Los estudios hechos entre los más jóvenes indican que su deseo se orienta cada vez más a conformar una familia y tener hijos. El SPD aumentó su tendencia de voto entre las jóvenes menores de 25 años cuando prometió escuelas de doble turno en la campaña electoral del Estado federado de Renania Palatinado- .
Desde luego que para los planificadores de la Willy-Brandt-Haus de Berlín, no se trata sólo de una cuestión de popularidad. Según su análisis, la combinación de familia y trabajo es, cada vez más, una cuestión clave de la economía. Un grupo de proyecto del Comité Ejecutivo del partido investigó los efectos de las tasas de natalidad en descenso entre las mujeres empleadas. Conclusión: "las mujeres jóvenes quieren trabajar más y van a trabajar más que sus madres"- y debieran también, en un planteo ideal, tener más hijos. Porque con "mayor participación en el empleo y con un aumento de la tasa de natalidad a 1,7 chicos por cada mujer en el 2020", los compañeros socialdemócratas calculan que la disponibilidad de la fuerza de trabajo en el mercado en el año 2050 aumentaría en 4,6 millones de personas.
La política demográfica ya no es un tema prohibido entre los socialdemócratas.
"Este debate es necesario y legítimo", escriben la Ministra de Familia Bergmann y el Secretario Ejecutivo Nacional del SPD, Matthias Machnig, sobre la cuestión del índice de natalidad. "Debemos dejar en claro que sin chicos, nos vemos viejos", reivindica con entusiasmo Renate Schmidt.
En comparación con estas cuestiones, el sociólogo berlinés especializado en familia, Hans Bertram considera bastante superada la lucha en torno de la "distribución del poder" entre varones y mujeres. Bertram, que ha tenido fuerte influencia en el proyecto del SPD, demostró que para quienes son único sostén es muy difícil alimentar a toda una familia. Por lo tanto en una pareja, ambos deberían trabajar por cuestiones netamente económicas. ¿Pero cómo se puede, al mismo tiempo, educar a los hijos? Como el problema del tiempo aparentemente se resolvió renunciando a tener hijos, "el conflicto privado se convirtió en un conflicto social", según Bertram.
También el ministro presidente Edmund Stoiber reconoció la relación existente entre familia y economía. Sólo que el jefe de la CSU (Unión Socialcristiana) tiene que esforzarse ahora por demostrar a sus seguidores conservadores que, en nombre del interés de la vida laboral de las mujeres, de aquí en más los niños bávaros deberán asistir a escuelas estatales de doble turno -y no, como antes, ser educados en el seno de la pequeña familia-. A partir de una sintética encuesta interna desarrollada en marzo, la conducción del SPD supo que, en materia de competencia en cuestiones familiares, su partido aventajaba claramente a la Unión Cristiana.
La central del SPD ya ha sondeado entre la propia base partidaria si se integraría al nuevo rumbo. Así fue como -con la anuencia de la cúpula partidaria- se publicó en el órgano de difusión del SPD, la revista "Vorwärts" un artículo con una primera oración provocativa "El movimiento de mujeres alemán está muerto". Casi ninguna mujer hoy en día se identifica con el feminismo de los años setenta, afirma la autora Gabriele Bruns, colaboradora de la Fundación Friedrich Ebert. "Las hijas de la generación lila" espeta la mujer de 33 años, no quieren tener más nada que ver con la "herencia política de sus madres". La reacción de los lectores fue unívoca: prácticamente no existió.
En cambio, tres meses más tarde el eco ante el titular del "Vorwärts" que trataba la compatibilidad entre familia y trabajo fue muy distinto. Las y los militantes del partido se entusiasmaron por el "comeback" de la familia. "Como mujer del SPD", escribió Elke Zach de la ciudad de Langenhagen, "durante un tiempo una ni se animaba a decir que por la educación de los chicos se quedaría un tiempo en casa."
También las políticas experimentadas entendieron la señal y se resignan. Heide Pfarr, ex ministra de los Estados federados de Berlín y de Hesse, suspira penosamente al decir que con las mujeres del bloque parlamentario del SPD no se puede "empezar absolutamente nada". Y Kerstin Müller, jefa de bloque de los Verdes en el Parlamento Alemán, desafió a sus amigas del partido ya en el mes de junio a no empujar en la Ley de Igualdad de Oportunidades, "lo que no va".
En este contexto pareciera que el feminismo hubiera alcanzado su meta con la llegada al poder de la alianza verde y roja. Las precursoras del cupo, como Heidemarie Wieczorek-Zeul y Herta Däubler-Gmelin, se hicieron cargo de Ministerios en el gabinete de Schröder. El nuevo Gobierno Federal envió señales de emancipación política -algo así como el proyecto de ley para proteger a las mujeres de la violencia en el matrimonio- .
Sin embargo, a más tardar en julio, al parar la Ley de Igualdad de Oportunidades, Schröder marcó los límites del activismo en la política de las mujeres. Según la Ley Orgánica de las Empresas no habrá más regulaciones a costa del sector empresarial, de acuerdo al compromiso asumido por el Canciller.
Tampoco en el debate programático del SPD las feministas jugaron ya papel relevante alguno. "Quien quiera la sociedad humana, deberá superar la sociedad masculina", rezaba el Programa Básico Partidario de Berlín del SPD en 1989. En la extensa conferencia que Rudolf Scharping, jefe de la comisión del SPD para un nuevo Programa Básico, llevó a cabo en Berlín hace pocos meses sobre el estado del debate partidario, no aparecieron palabras como "mujeres" o "género".
Incluso los Verdes están en retirada. Desde hace algunos meses, el debate partidario interno oscila en la relación entre política de mujeres y política familiar. Un grupo sumamente influyente de diputados más jóvenes exige que la vida con los hijos tenga igual prioridad que las cuestiones de política ambiental dentro de los lineamientos políticos de los Verdes; son sobre todo los mayores quienes se oponen a este golpe de timón.
Lo que para las feministas significa dar marcha atrás, ya no estimula a las más jóvenes desde hace tiempo. Andrea Nahles, de 31 años, no se siente "en absoluto sorprendida por lo que representa un cambio de paradigma en la política de las mujeres". Este ya no sería un "campo de batalla relevante" para la izquierda. En este contexto, seguramente seguirían existiendo objetivos como el de la equiparación de la mujer.
Combinar carrera y niños siempre fue parte del repertorio de las defensoras de los derechos de las mujeres -si bien esta reivindicación sólo fue un aspecto parcial de la lucha por la igualdad de derechos y la mitad del poder-. "Estamos a favor del cupo", exclamó Inge Wettig-Danielmeier, entonces Presidenta de la Comisión de Mujeres Socialdemócratas en 1998 en el Congreso Partidario de Münster, "porque no queremos, que nuestras hijas sufran las mismas derrotas que nosotras". Hoy por hoy, Wettig-Danielmeier, de 64 años y entretanto tesorera del Partido, se lamenta: "Las mujeres jóvenes a veces no se dan cuenta que trabajan con las reglas cambiadas."
En general son las mujeres mayores las que entienden el renacimiento del concepto familiar como un golpe al trabajo político de toda su vida. "No permito que me convenzan de ningún complejo de culpa de orden demográfico", protesta la Presidenta de los Verdes, Claudia Roth, 46 años, sin hijos. "No queremos ser reducidas a la cuestión de cómo tener más hijos para, de paso, cubrir los baches del mercado laboral".
El duelo televisivo entre la eminencia de la emancipación, Alice Schwarzer, de 58 años, y la estrellita de TV, Verona Feldbusch, de 33, despejó la última duda en cuanto a que el feminismo en Alemania tiene problemas de aceptación. "Nos presentan el modelo Barbie como el último grito", deslizó Schwarzer oteando por sobre los obvios pechos siliconados de la conductora. Sin embargo, la prensa y la opinión pública comprobaron que la -en apariencia- tonta conductora-Barbie salió bien parada. Esta fue también la opinión de la principal política de Gerhard Schröder. Doris, la esposa del Canciller, de 38 años, comparte una sensación de "nosotras" con la "hábil empresaria" Verona Feldbusch. "Tal vez, porque hacemos lo que queremos con una dosis de naturalidad, de algo sobreentendido", dice Doris. También esto sería "una cuestión generacional." |