Atención: Curva a la derecha Un año Rojo-Verde
por Jochen Hippler
Gerhard Schröder había prometido tres cosas: combatir el desempleo masivo, superar la insensibilidad social y modernizar la economía y la sociedad. Justamente por eso, hace un año los alemanes optaron por el voto rojo-verde. De entonces a esta parte, el 72% de los ciudadanos alemanes se siente decepcionado. ¿A qué se debe esto?
Desde ya que, en el primer año, el Gobierno cometió muchos errores "artesanales". Sin duda, las idas y vueltas permanentes, los entredichos y contradicciones de muchos políticos resultaron perjudiciales. Las desconcertantes ofensivas impositivas de Struck son sólo un ejemplo. Sin embargo, son pequeñeces comparadas con el problema central. Porque entretanto se plantea el interrogante acerca de si la vieja política de Kohl no es también la nueva, la actual: una política para el tercio superior, el de mayores ingresos.
Primera etapa: comenzó cuando el gobierno rojo-verde fue cediendo ante la presión de lobbys cada vez más poderosos. Primero el Gobierno quiso frenar la salida del sistema social a través de empleos u ocupaciones mínimas y trabajadores autónomos "aparentes", y cuando las cosas se pusieron serias, prometió una y otra vez "sucesivas mejoras". Luego, ante la presión de la industria automotriz y contra la voluntad de toda Europa, el Canciller -más que nadie- intentó hacer pasar una reglamentación sobre los autos viejos, que resultaba favorable a sectores económicos y saboteaba la ley sobre el smog en verano. Finalmente, y contra las promesas formuladas en el Convenio de la Coalición, los aliancistas se rindieron una y otra vez frente al lobby atómico. Un listado interminable. El que es poderoso y presiona, logra prácticamente todo.
Segunda etapa: poco antes de las elecciones europeas, el Canciller publica el documento "Schröder-Blair". Se trata de un manifiesto nebuloso, en el cual se crea el clima para una política neoliberal. Lo importante es, ante todo, lo que no incluye el documento: una política social activa, la primacía de la política ante la economía, un papel estructurante del Estado, justicia social. Todos estos temas se tocan apenas marginalmente o ni siquiera figuran. En lugar de esto, se trata de la adaptación de la política a los dictados de la economía, envuelta en papel de regalo.
Tercera etapa: a fines de junio, Hans Erichel presenta el paquete de medidas de ahorro, el "más grande en la historia de Alemania", según Gerhard Schröder. Desde ya que ahorrar es necesario. Pero la pregunta es: ¿cuánto, en qué plazo y quién corre con los costos? Y de allí surge que el Gobierno ha introducido un giro político. Ya en marzo se había sancionado la Ley de Exención Impositiva. Beneficiaba, sobre todo, a los sectores de ingresos reducidos: todos recibían más dinero, de modo que aumentara el consumo, la demanda y se impulsara un cambio en la coyuntura. Al mismo tiempo, la ley era socialmente justa. Ahora, de pronto Eichel quiere ahorrar sobre todo a partir de los más débiles socialmente: los que perciben subsidios sociales, los desocupados, los jubilados, los beneficiarios de subsidios por vivienda. Al mismo tiempo el Gobierno habla de reducir impuestos a las empresas. Y el prometido impuesto al patrimonio dirigido a los ultrarricos no se aplicará. Pero el paquete de medidas de ahorro no tiene un solo flanco débil. Paralelamente al desarrollo de esas medidas, tiene lugar la retracción del Estado, la retirada de la política. Esto sólo puede beneficiar a los más fuertes, que no necesitan ayuda.
Cuarta etapa: en julio, el ministro de economía Müller presenta su informe económico ´99. Allí sigue la cosa: reducción del aporte del Estado de aproximadamente un 50 a un 40%, "disminución/retroceso de las grandes reivindicaciones sociales" y reducción del Estado. Esto ya prácticamente no sorprende a nadie.
En términos generales, el panorama que se presenta es el de un gobierno que tras pocos meses tiró por la borda sus promesas electorales e incluso el convenio de coalición, dando un giro político para el que no le fue otorgado mandato alguno. Este es, al menos, el peligro. La justicia social y la política de demanda han pasado a ser temas secundarios. La política de ahorro extremo es más importante que combatir el desempleo. La prometida política estructurante y activa por parte del Estado se diluye, el Estado adquiere perfiles neoliberales y se pone al servicio de la economía. Y esto se llama "práctico", en términos del servicio prestado a los económicamente poderosos. Allí cunde rápidamente el buen humor: el Jefe del Consejo administrativo de la Deutsche Bank y Daimler-Chrysler, Hilmar Kopper y el Presidente de DIHT, Hans Peter Stihl alaban el nuevo rumbo. El jefe de BDI, Henkel, opina que hay que "apoyar decididamente" el cambio de rumbo emprendido. De imponerse la dirección que ya resulta identificable, significaría un franco giro histórico. Los dos partidos de izquierda se harían cargo del trabajo de la derecha. Quiere decir: una política para los trabajadores no tendría interlocutor fijo. Esto implicaría la pérdida de la identidad para el SPD y los Verdes. Gerhard Schröder dijo que ya no hay política económica socialdemócrata, sino solamente política económica "moderna". Pero ¿quién necesita entonces a la Socialdemocracia, si ya no hay política económica socialdemócrata?
Extractado de la revista IG-Metall, publicación mensual del IG-Metall (Sindicato Metalúrgico Alemán), nº
9 septiembre 1999
Traducción del alemán: Bet Gerber